¿Qué ideas pueden ayudarnos a pensar mejor?

Pensar sobre el futuro y cómo mejorarlo no es una tarea fácil, pero igualmente año tras año el sitio Edge.com atrae a los científicos y pensadores más destacados del mundo para responder una pregunta que nos ayude a desarrollarnos como especie. Este año la propuesta fue un poco más allá y optó por retar a sus participantes a pensar cómo pensar mejor. De 164 propuestas, solo 9 fueron elegidas como las más destacadas.
En primer lugar, estos nueve científicos comparten el pensamiento de que todos tenemos herramientas en nuestro cerebro y a nuestro alrededor que nos ayudan a ver de otra manera las cosas y que con el correcto uso son altamente beneficiosas. Los autores Kukso, Tappscot y Carr consideran que a diferencia de lo que pensamos, no estamos en total control de las herramientas digitales a las que tenemos acceso y usamos diariamente, incluso si nosotros las hemos inventado. Por ejemplo, basado en la idea de Kukso y Tappscot, el uso de la calculadora trajo un gran beneficio para la población al permitirnos hacer cálculos de alta complejidad en un corto tiempo, pero en cambio prescindimos de nuestra necesidad de memorizar algunas tablas, raíces o potencias. Esto es gracias al poder de las herramientas de moldear nuestras capacidades y conductas en base a las funciones que nos facilitan. Carr, por otro lado, no muy alejado de los anteriores, pone en evidencia que la gran cantidad de información que recibimos de la tecnología diariamente, no es necesariamente una de sus ventajas. El cerebro posee un nivel de capacidad de retención de información. Si se sobrecarga la “carga cognitiva” no habrá conocimiento significativo. Al igual que Carr, Rushkoff usa como idea base la necesidad faltante de analizar y filtrar la información y las funciones que la tecnología nos provee para poder darle un buen uso.
En los cinco pensadores restantes, se ponen bajo la lupa, herramientas que el humano posee como ser único y en sociedad y deja las herramientas físicas de lado. Comenzamos con Schank y Kelly que ponen en evidencia la necesidad de aplicar dos capacidades que el ser humano posee pero que ya no las usa tanto como debería. Estas son la idea de fallar y experimentar, conceptos que se relacionan en su base de poner en prueba ideas nuevas, sin saber que van a funcionar a la perfección ni el resultado exacto que producirán, gracias a que de estos sale el éxito, por último, los últimos tres participantes proponen ideas que enfocan al ser humano como un ser colectivo, y que tomarlo como tal exponencia los resultados posibles. Ridley expresa que el ser humano, no importa que tan grande sea su inteligencia e ingenio, nunca va a poder competir contra una comunidad que piensa y trabaja colectivamente. Un ejemplo es la efectividad de una colmena de abejas en la que ninguna de estas se encarga de dos trabajos, pero su coordinación y colaboración permite su rápido crecimiento y expansión. Barondes agrega a esta idea la necesidad del ser humano de considerarse a sí mismo como un uno único y al mismo tiempo un ser igual a sus compañeros ya que, aunque parezca contradictorio, tenemos una genética irrepetible pero una misma fisiología, sociedad y un espacio geográfico que los demás. Ya en el final, Pickover cierra esta idea al presentarnos el concepto de “simultaneidad” en el que el hombre por naturaleza, no importa qué tan lejano este uno del otro, vive en un mismo contexto, por lo que eventualmente llegará a las mismas conclusiones.
En conclusión, se pueden resumir estas ideas en tres grupos: las herramientas físicas y cómo las aprovechamos; las herramientas mentales que debemos tener en cuenta y a las que no debemos temerles a la hora de pensar; Y, por último, las herramientas colectivas, o sea las que nos permiten conectarnos entre pares para producir mejores resultados. Estas ideas lograron hacernos conectar conceptos antes desatendidos y lograr una conclusión personal de la necesidad de aplicar alguna de ellas para superar nuestra forma de pensar. También cabe destacar la necesidad de la mayoría de los pensantes que acuerdan que estas ideas deberían ser enseñadas en escuelas para tenerlas en cuenta a la hora de pensar.

Comentarios

  1. Mejor, Tomás, aunque todavía faltan algunos acentos y te olvidaste de las sangrías.

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